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Las células madre y las células IPS

 

Hace algunos años se nos vendió como cierto que la investigación con células troncales («madre») embrionarias curaría, a no muy largo plazo, enfermedades como la diabetes. Pero la tozuda realidad nos ha llevado a un escenario muy distinto.

 

 
Estas investigaciones requerían terminar con la vida de un embrión, producían rechazo en los organismos que las recibían (como el rechazo que se produce con los trasplantes) y los ensayos que se han hecho con ellas en animales han demostrado que su utilización produce tumores que los científicos no son capaces de controlar. Sin embargo, hoy día sabemos que también hay células madre en los organismos adultos que se pueden utilizar de forma parecida. De hecho, estas células madre de origen adulto se están aplicando en casos concretos a pacientes y el 99,6% de los ensayos clínicos que se hacen con células madre lo son con estas células adultas.

Una conferencia impartida recientemente en el CEU por el profesor José Manuel García-Verdugo, investigador del Centro Príncipe Felipe y catedrático de la Universitat de València, ha proporcionado las claves de la realidad actual de la investigación con estas células. Vaya por delante mi admiración al mencionado colega y amigo, así como al Centro Príncipe Felipe por albergar a este científico de indudable prestigio internacional. Alguien que tiene, entre otras muchas publicaciones en los últimos cuatro años, las fotos de sus hallazgos en una portada de la revista 'Cell' y otra de la prestigiosa revista 'Nature', es acreedor de estos elogios y probablemente de otros muchos. De lo explicado en esta conferencia se deduce que, a fecha de hoy y a medio plazo, los resultados con aplicación práctica médica más esperables proceden de las células madre de origen adulto y sobre todo de las denominadas células IPS, de sus siglas en inglés: células troncales pluripotentes inducidas.

Estas células fueron obtenidas por el doctor Yamanaka en el año 2006 y, tras un adecuado tratamiento, adquieren la capacidad de convertirse en un tipo de células determinado (musculares, neuronales, etc.), convirtiéndose en auténticas células madre incluso con alguna característica similar a las de las madre embrionarias, pero procedentes de las propias células del donante. Tras algunas limitaciones y riesgos potenciales iniciales, en el mes de abril de 2009 se ha conseguido generar estas células IPS en cantidad suficiente y sin riesgo de producir tumores, tras un tratamiento relativamente simple ('Cell Stem Cell', 2009, 4, 381-384). La Comunitat Valenciana ha dado un salto cualitativo en los avances científicos en este campo y, como mencionaba anteriormente, es de aplaudir que se alberguen estas investigaciones y a los científicos que las lideran, como el profesor García-Verdugo en el Centro Príncipe Felipe. Sin embargo, las autoridades sanitarias deberán estar atentas a los resultados y mantener la financiación sobre aquellas investigaciones que no sólo no presentan ningún conflicto ético, sino que además han demostrado ser merecedoras del reconocimiento internacional por el tipo de revista en el que se han publicado, y porque dicho conocimiento tiene garantizada, siendo muy conservador, una aplicabilidad clínica a medio plazo indiscutible. Podemos seguir invirtiendo recursos millonarios en otras cosas, por ejemplo en obtener líneas celulares de embriones a los que se les permite seguir viviendo (¡pero nunca sabemos si han llegado a nacer, y en tal caso, ¿cómo?!). Está bien coleccionar estas líneas celulares que sólo sirven a efectos investigadores y sólo son aplicables a los embriones de los que proceden (puesto que el problema del rechazo no se soluciona), pero esto no supone un avance en este campo, porque otros autores ya lo publicaron hace algún tiempo (cf., por ejemplo, 'Nature', 2006, 444, 481-485).

En tiempos en los que se pone en entredicho la condición de persona del embrión e incluso del feto humanos, es especialmente necesario ser escrupuloso con ciertas afirmaciones científicas que pueden inducir a que los poderes y la opinión públicos crean estar haciendo las cosas bien y al final resulte que están invirtiendo los recursos públicos en la dirección equivocada. Todos aquellos que contribuyen a los hallazgos científicos en este campo aceptan consensuadamente el criterio de que la vida nueva comienza en el momento de la fecundación, de ahí el empeño en, por supuesto, preservarla, y yo añadiría más aún, en respetarla. Otra cosa es lo que los legisladores quieran decir al respecto, porque ante la tozudez de la biología, sólo nos queda la demagogia de la política.
 
  Francisco Javier Romero
http://www.lasprovincias.es
 

 

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